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Una adecuada dieta

El oído interno está influido por ciertas sustancias en la sangre y otros fluidos del cuerpo. Por ejemplo, cuando comemos alimentos con gran cantidad de azúcar o sal, la concentración de estos ingredientes en la sangre se incrementa (la conocida "retención de líquidos"), lo cual afecta a la concentración de dichas sustancias en el oído interno.

 

Las personas con ciertos trastornos del equilibrio deben controlar la cantidad de sal y azúcar que le agregan a las comidas, sin olvidar la cantidad de sal y azúcar oculta que tienen los alimentos.

 

Limitar y eliminar el uso de cafeína y alcohol también ayudará a reducir los síntomas como el tinnitus y los mareos.

Las claves:

Mantener estables los niveles de fluidos en el cuerpo, evitará las fluctuaciones de presión en el oído interno. Para ello:

  • Distribuye la toma de líquidos y alimentos en el día y mantenlo de manera cotidiana.

  • Come aproximadamente la misma cantidad de alimentos en cada comida y evita los excesos.

  • Procura comer alimentos que contengan bajos niveles de sal, pues una ingestión elevada puede dar como resultado fluctuaciones de presión en los fluidos del oído interno y un empeoramiento en los síntomas.

  • Trata de comer una dieta rica en frutas, vegetales y cereales, baja en embutidos y comidas procesadas o congeladas.

  • Bebe. Y no sólo agua, también puedes beber leche y zumos de frutas bajos en azúcar.

  • Trata de anticiparte a las pérdidas de líquidos que se producen cuando se hace ejercicio, o en días calurosos, y bebe líquidos antes de que esas pérdidas se produzcan.

  • Intenta evitar los líquidos o alimentos que contengan cafeína (como el café, el té y el chocolate). La cafeína tiene propiedades estimulantes que pueden empeorar los síntomas y aumentar la intensidad de los acúfenos.

  • Evita también la ingesta de alcohol o limítala a un vaso de cerveza o vino por día, pues el alcohol puede inducir migraña asociada al vértigo.

Cómo reducir el consumo de sal:

Una vez habituados a una cantidad de sal determinada desde que éramos pequeños, no es fácil adaptarse a comer con menos sal. Por ello, la reeducación debe de hacerse de forma progresiva, empezando por reducir los alimentos que con certeza sabemos que contienen mucha sal (aperitivos, enlatados, precocinados...) y progresivamente, ir echando menos sal a la comida. Es una adaptación progresiva para nuestros receptores del sabor.

Diferentes Instituciones Sanitarias a nivel mundial, europeo y nacional

(Organización Mundial de la Salud, Comisión Europea, Agencia Española de

Seguridad Alimentaria y Nutrición) conscientes del alto contenido de sal en la

dieta, recomiendan la siguiente ingesta de sal por edades:

 

  • 5 g./día para adultos.

  • 4 g./día en niños con edades  entre 7 y 10 años.

  • 3 g./día en niños menores de 7 años.

 

Esto en casa se conseguiría:

 

  • Tomando con más frecuencia alimentos frescos (frutas y verduras) y evitando los alimentos precocinados y envasados.

  • Añadir sal al plato cuando esté terminado y no cuando lo estamos cocinando.

  • Sustituyendo la sal por otras especias que den sabor (ajo, orégano, pimienta, albahaca, perejil...).

  • Evitando la sal de potasio.

  • Lavando los vegetales y las legumbres antes de utilizarlos.

 

 

En restaurantes se conseguiría:

 

  • Pidiendo que nos preparen el plato con menos sal.

  • Si elegimos platos con salsas, pidiendo que nos las sirvan por separado (así añadiremos la cantidad deseada y evitaremos el exceso de sal que tienen).

 

De cualquier manera, comer con menos sal no tiene por qué implicar que los alimentos pierdan su atractivo y dejen de ser sabrosos.

 

Recetas para cocinar platos sin sal pinchando aquí.

Octubre 2017

Síndrome  de   Menière

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